Olla rápida: cuándo sí y cuándo es un trasto
La olla rápida es el cacharro que más discusiones genera en una cocina. Hay quien la usa a diario y hay quien la tiene cogiendo polvo en el armario. Te cuento cuándo la saco yo y cuándo la dejo quieta.
Legumbre y guisos de cuchara: aquí sí
Si hay un terreno donde la olla rápida gana sin discusión, es la legumbre. Garbanzos, judías, alubias blancas. Con el remojo hecho de antes, pasas de tener el fuego encendido toda la mañana a tenerlo resuelto en un rato. Y sin vigilar.
Lo mismo con los guisos de carne que necesitan tiempo: morcillo, carrillada, jarrete, pollo de los de antes. En olla normal estás pendiente de que no se pegue, de si se queda sin agua, de añadir más caldo. En la rápida cierras, bajas el fuego y te vas a hacer otras cosas.
La ventaja real no es solo la velocidad. Es que no se evapora el agua. Puedes cocinar con menos líquido y el sabor se concentra antes. Y no hay que remover cada poco.
El precio a pagar: no puedes probar y corregir a mitad. Abres cuando ya está, y si falta sal o se ha pasado de cocción, poco margen. Tampoco es lo mismo un guiso con la salsa reducida al fuego lento que uno hecho a presión. El caldo no se reduce igual y la textura cambia.
Cuándo la olla rápida es un trasto
Hay platos en los que no aporta nada. Y hay cocinas donde acaba siendo un estorbo.
- Platos rápidos. Pasta, salteados, verdura al vapor, pescado, tortilla. El tiempo de subir presión y de despresurizar se come toda la ventaja. Acabas tardando lo mismo o más, y con un cacharro más para fregar.
- Poca cantidad. Si cocinas para uno o para dos y haces una ración, la olla tarda lo mismo en calentar que en cocinar. La ventaja se diluye.
- Cosas que quieres controlar. Arroz, legumbre que se pasa con nada, salsas que buscas reducir. Aquí manda la olla normal y la cuchara de madera.
- Freír y dorar. No es su terreno. Necesitas una sartén y punto.
El tiempo que no se ve
Cuando alguien dice que la olla rápida cocina en la mitad de tiempo, se olvida de tres cosas. El remojo previo de la legumbre. El rato de subir presión. Y el rato de despresurizar, que puedes acelerar poniéndola bajo el grifo o dejar que baje sola.
Súmalo todo antes de comparar. En guisos largos sigue ganando de calle. En preparaciones cortas, la suma te deja casi en tablas.
También pesa y ocupa. Si tienes una cocina pequeña y poco armario, piénsalo. Y la junta hay que cambiarla de vez en cuando, o empieza a perder vapor y a tardar más de lo que debería.
Cómo lo decido yo
Antes de sacarla, me hago cuatro preguntas:
- ¿Esto tarda bastante en olla normal? Si no, no la saco.
- ¿Necesito probar y corregir mientras se hace? Si sí, olla normal.
- ¿Cocino para varios días o para una ración suelta? Para una ración, cazo o sartén.
- ¿Voy a querer reducirlo al final? Entonces la presión no me ayuda.
Cuando la respuesta sale a favor, la olla rápida es de los mejores cacharros que tengo. Cuando sale en contra, es un trasto grande que luego hay que fregar. No hay una respuesta única: depende de lo que cocines casi todas las semanas.
Si lo que te lía es montar el menú de la semana, en los menús semanales tienes ideas ya organizadas. Y si quieres ver con qué más cocino, pasa por la sección de equipo.
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